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lunes, 1 de noviembre de 2010

<<¿Nagore era ligona?>>














El pueblo brasileño ha hablado. Y ha elegido a Dilma como la primera presidenta de su historia. Brasil ahora. Antes, Argentina con Cristina Fernández. Sí, en países de Iberoamérica, donde el nivel de desarrollo se sitúa (supuestamente) a mucha distancia del europeo, sus dirigentes son mujeres. Sin ningún tipo de complejo, de prejuicio, ni necesidad de creación de ministerios de Igualdad. ¿Y por qué aquí sí que ‘hace falta’ crearlos? Pues porque seguimos anclados en una sociedad en la que hay que juzgar a las mujeres por su físico, y no por sus capacidades, como debería ser. Porque estamos en una sociedad en la que siguen ocurriendo cosas como ésta…

Nunca he sido feminista -de hecho, un grupo de mujeres con el pelo teñido de rojo y a lo garçon siempre me resultó muy de reunión de lesbianas en potencia- pero hay temas que rayan la indecencia y me obligan a posicionarme. Con motivo de la Seminci (la Semana Internacional de Cine de Valladolid), se presentaba el documental ‘Nagore’, de la realizadora Helena Taberna, en el que se cuenta la historia de la muerte violenta en los Sanfermines de 2008 de esta joven estudiante de Enfermería, Nagore Laffage, cuyo homicida, el psiquiatra José Diego Yllanes, fue condenado a 12 años y medio de prisión.


Hace unos días, la madre de Nagore, Asun Casasola, contaba a una televisión cómo vivió el juicio. Recordó que, entre las pruebas, estaba la ropa interior de su hija. Toda rota. Pero lo realmente llamativo de ese juicio, a mi parecer, fue una pregunta: “¿Nagore era ligona?” ¿En qué cabeza cabe que pregunten eso sobre una chica de 20 años? O de cualquier edad, vamos. ¿Es que no puede una mujer irse libremente con quien quiera? Dan ganas de preguntarle al juez si el ser más o menos promiscua en tus relaciones con los hombres atenúa la condena de un asesino. Parece mentira que en un juicio por homicidio se termine juzgando la vida sexual de una joven.

Pero así es nuestra sociedad, que siempre termina haciendo la pregunta menos indicada. No creo que si el juicio fuera al contrario alguien hubiese planteado la cuestión de si el chico era ligón. Como tampoco nadie pregunta a Zapatero cómo concilia su vida laboral y familiar, cosa que sí les sucede a las ministras. O como sí preguntan a Sara Carbonero cuánto de difícil es triunfar en un mundo de hombres, pero a nadie se le ocurre preguntar a un estilista, por ejemplo, si le cuesta trabajar en un mundo de mujeres.

¿Cómo va a haber igualdad si nos la cargamos a la mínima? ¿Cómo va a haber igualdad si se crea un ministerio de ídem? ¿No es eso mismo ya una contradicción? Hasta el momento en que normalicemos, en que dejemos de hacer la pregunta inconveniente, nosotros mismos estaremos tratándonos de manera desigual.

¿Por qué no dejamos de escandalizarnos y llamamos de una vez a las cosas por su nombre? No es cuestión de “por ser mujer” o “por ser hombre”. La cuestión es ser persona y no ampararnos en la excusa del género para todo. No se puede ir de víctima por ser mujer. Ni se puede ir de ‘superman’ por ser hombre. La igualdad no es efectiva hasta que no dejamos de distinguir entre unos y otros.

PD. ¿Es que no os parecen igual de sospechosos a estas alturas de la película los morritos de Pajín que los morritos de Rajoy? Nos llevamos las manos a la cabeza porque Sánchez Dragó presume de haber mantenido relaciones con dos menores de 13 años pero ¿no hizo eso mismo Roman Polanski en Suiza y muchas voces pidieron su extradición? ¿No lo ha hecho también Ribéry con una puta? (Es puta, ¿no? ¿O ahora también hay que ser fina?) Y no sólo no se le juzgó, sino que se alimentó de morbo y tetas de silicona todos los espacios deportivos de la prensa mundial. Vamos a ser menos hipócritas. La igualdad no se consigue con marcos teóricos ni con ministerios. Para saber si unas preguntas son válidas para unas, antes deberíamos pensar si también las haríamos de la misma manera para otros.

Artículo de @Pilar_Arjona