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martes, 24 de abril de 2012

UN DISPARATE




“Cae de rodillas, entierra la cabeza entre sus manos. La cámara, lentamente, retrocede y asciende hasta un ángulo alto desvelando lo que Taylor acaba de encontrar. Semi enterrada en la arena, y peinada por las olas está la estatua de Fabra”.

Final libre de “El Planeta de los Simios”.

Érase una vez un país en el que ciertos gestores públicos se construían estatuas millonarias a las puertas de aeropuertos sin aviones; o ciudades de la “cultura”; o fastuosos retratos. Un país de megalómanos e intentos de Maquiavelos, en el que la corrupción campaba a sus anchas, a poder ser en traje.

En ese país el Gobierno adelantaba su política si ibas disfrazado de diplomático extranjero en lugar de ciudadano; se sucedían recortes y más recortes; electorado incrédulo ante el otro gobierno de los mercados. Y si hubiese preguntas sobre el porqué de los mismos se salía por la puerta de atrás del Congreso.

Un país de nuevas divinidades foráneas como Standard & Poor’s o Moody’s, y de una prima de riesgo “de huesos anchos” o “constitución fuerte” que devoraba puntos a la misma velocidad que Eurovisión se los quitaba –Un besito a Andorra-. Un país de “ejecuciones hipotecarias”, “crecimiento negativo”, “ajustes” y una plétora de eufemismos y maquillajes lingüísticos. Y de descréditos más que créditos, sobre todo bancarios.

En ese país la cultura se comenzó a reducir a mercancía, casi exterminada entre tronistas e histéricas tertulias. Allí, la plaza, la calle, se convirtió en el único espacio en el que el ciudadano se libraba del agobio de las urnas y los mentados mercados, pero en más ocasiones de las deseadas, se exhibía en ella, casi obscenamente, el poder del llamado orden público. Ah, y la “resistencia pasiva” era delito.

Los líderes de ese país expresaban, pávidos ellos, la alerta por “la mala imagen” en el exterior entre otros homólogos europeos quienes, a su vez, le culpaban de la mala situación económica de la comunidad, o le comparaban con Grecia. Tanto monta, “Monti” tanto.

Había en ese país injerencias internacionales y los dirigentes decían que también había “violencia estructural”. Porque en ese lugar las mujeres tenían que ser mujeres auténticas. Que sí hombre, que no estaba bien que éstas fueran por ahí incompletas.

También había políticos que decían y desdecían, independientemente de su color. Y no había alternativas reales a esos colores. Se presumía de democracia madura pero había más de cinco millones de parados. También había enconadas persecuciones judiciales, quedando exentos los defraudadores, en muchos casos. Y por último, había ciudadanos desencantados ideológica y políticamente, sobreviviendo, haciendo malabarismos a final de mes.

Érase una vez, en definitiva, un disparate de país.-Incluya aquí su escena a elegir de la monarquía: 1) Elefante 2) Cosicas de niños -. O como diría Borges, a sus habitantes, más veces de lo deseado, “no les unía el amor, sino el espanto”. 

lunes, 16 de abril de 2012

NUESTRO AMERICAN WAY OF LIFE: Introducción




Una conocida canción napolitana de los años 50 resume perfectamente ese cada día más ferviente y marcado sentimiento migratorio que tenemos los europeos con respecto a mudar nuestras vidas a los Estados Unidos de América -nótese que citar el nombre al completo dota al texto de una épica significativa-; un sentimiento que, permítaseme decirlo, ha intentado emularse dentro de las categorizaciones geográficas que antaño fueron acotadas hasta componer este país llamado España y que, déjenme de nuevo arriesgarme, en ningún caso ha conseguido definirse, ni ideal ni territorialmente hablando. ‘Tu vuò fà l’americano’ (“Quieres hacer(te) el americano”) cantaba Renato Carosone al son del swing y el jazz lo mucho que intentaban los sureños italianos asimilarse a ese estilo de vida tan alabado y anhelado como denostado y repudiado; aquel american way of life que en tantas ocasiones se ha visto amenazado por majaretas pilotos islámicos, carnavalescos y destructivos huracanes y trascendentales y catastróficas decisiones financieras -que nos lo pregunten a nosotros-.

Ya en 2012, con la careta de ‘panolis’ bien puesta y con el objetivo de recuperarnos para volver a hacer el tonto el año que viene, los españoles seguimos empeñados en recoger todos los frutos sin preocuparnos tan siquiera, claro está, de entender el proceso de cultivo que crea el provechoso beneficio del desarrollo productivo. Estamos perdidos en una carrera ausente de valores, aquellos que en cambio sí se pregonan fervorosamente al otro lado del charco, “¡Individualismo!”, “¡Igualitarismo!”, etc. En esta columna, con la que pretendo analizar en clave social, cultural e incluso política los detalles que nos hacen estar donde estamos, descompondré todos aquellos controvertidos aspectos relacionados con el sueño y estilo de vida americanos, unos ethos que aplicados a España han tenido su correspondiente efecto negativo -y positivo en algunos casos-. Con ello no pretenderé ser el mejor conocedor del American way of life, puesto que curiosamente mis pies -y no se me tiren encima por ello- jamás han pisado la imperialista y rica tierra norteamericana, pero sí trataré de atisbar cómo un poderoso interés consumista, personalizado por esa enfermedad tan contagiosa y repugnante que es la envidia, consiguió que un país lleno de funcionarios, hipotecados y futbolistas terminase siendo el principal coladero de, otra que tal, Europa en crisis.

Si analizamos el contexto histórico de ambos países con detenimiento es fácil, qué demonios, obvio, que poco o nada tenemos que hacer en términos económicos contra el gigante estadounidense. Las aptitudes financieras españolas se han enfrentado a demasiados obstáculos a lo largo de nuestra reciente historia; España se ha visto vapuleada por un ya excesivamente denostado régimen dictatorial -que no totalitarista o fascista, pese a que muchos no entiendan que es mucho más fácil renegar de esa palabrería para despegarnos de nuestro relativamente oscuro pasado- y tras salir de él, transición democrática mediante, todavía tuvo que asumir una perniciosa correría antes de retomar el vuelo -si es que acaso lo tomamos alguna vez desde Felipe II-. Tuvo que ser el generoso abrazo de Europa el que finalmente nos colocara de nuevo en el mapa y nos impulsara definitivamente como un país a tener en cuenta. Claro que si todo está fundado sobre una mentira, sobre una realidad monetaria virtual bien decorada pero bastante menos que decentemente cimentada, sobre una burbuja inmobiliaria hinchada a base de agua, jabón y cuerdas y sobre un sueño a la altura del que vivieron mis beloved norteamericanos en los fabulosos años 50, entonces es cuando tenemos que mirar hacia atrás y darnos de bruces contra la realidad más absoluta: no dimos la talla.

El nacimiento del consumismo tal y como lo conocemos hoy se ejemplifica perfectamente en la década de los años 50 en EEUU. Las grandes empresas fomentaron la compra de productos mediante la ya tantas veces comentada obsolescencia programada -con lo que se volvieron tremendamente productivos-, los ciudadanos arriesgaron sus ahorros en la creación de nuevos negocios, los bancos cedían créditos sin apenas impedimento y la Reserva Federal y su superávit actuaban como protector ante cualquier posible recesión económica. El ínfimo índice de paro también ayudaba a que el desarrollo nunca frenase en demasía y el American Dream justificaba sus argumentos sustentado en unos pilares admirablemente bien levantados. El american way of life se convirtió entonces en un sueño cumplido, en un estilo de vida posible, palpable, real. El problema es que el impacto que causó semejante boom despertó la envidia de otros tantos países, deseosos por rivalizar con el ya Imperio Estadounidense. En España, y debido al proteccionismo franquista, la cultura anglosajona tardó en hacer mella por culpa de la censura y las limitaciones económicas, restringidas por el incandescente ruralismo nacional, que impedía cualquier ambición capaz de traer el progreso real al país. Pero la Transición derivaría en una apertura mercantilista muy importante, y tras ello vendría la entrada de España en la Unión Europea, lo que a partir de la segunda parte de los noventa derivó en nuestros “fabulosos” 90, un engaño propio de la propaganda más subversiva.

Culturalmente la EXPO de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona de 1992 supusieron un éxito absoluto: tuvimos el protagonismo merecido y ganamos la confianza del extranjero necesaria para afrontar los años venideros. Y aunque Felipe González no se entendiera con Jordi Pujol para aprobar los presupuestos, al menos Aznar pudo llegar al gobierno para terminar de redondear una economía en pleno auge. En 2002 despareció la peseta y arribaron el €uro y la certidumbre de que lo que ocurría era auténtico, de que podíamos confiar en los bancos y en el gobierno. Pero lo demás ya lo sabemos, o deberíamos saberlo, todos; Aznar aprobó la ley de Suelo, se empezó a construir como si no hubiera un mañana, la inmigración alcanzó cotas altísimas, la construcción dio una ingente cantidad de empleos, los ciudadanos seguían comprando y ¡ale!, casas, coches, hipotecas, créditos… ¡hasta yates si hacía falta! Se siguió la filosofía del “con mi trabajo puedo con todo”, “esto nunca se acaba”. En Estados Unidos sucedió algo parecido, no vayamos a dejar todo lo malo para la españolitis, pero al menos tenían un país hiper-industrializado, apoyado en unos valores que imponían ese individualismo y esas ganas de trabajar tan características y no se dejaban llevar por el alto funcionariado, o se amparaban en sus bajas laborales para seguir cobrando, o mostraban una actitud pésima a la quinta hora de haber entrado a trabajar (“¡Es que llevo cinco putas horas seguidas currando y tiene que venir usted a pedirme un café con leche cuando estoy a punto de cerrar, manda huevos!”), o se refugiaban tras el escudo de los sindicatos para esquivar el despido y cobrar más dinero de los contribuyentes.

Hay un problema de base muy característico y que ya he comentado clamorosamente con anterioridad, y es esa propiedad tan característica de los españoles que tan poco vemos en la actitud norteamericana y principal foco de comparación de este análisis, la envidia. La figura del empresario, por ejemplo, ha sido totalmente villanizada por la izquierda española, y de hecho los principales enemigos del “pueblo” son ahora mismo Emilio Botín y Amancio Ortega, dos españoles hechos a sí mismos que ahora resultan ser sospechosos por haber salido airados de tan abultada crisis. En el caso de Ortega resulta increíble que con la de puestos de trabajo que crea se le denoste de semejante manera, pero la incredulidad desaparece cuando nombramos a esa actitud tan macabra y repugnante que es la envidia, una de la que es imperante deshacerse cuanto antes para poder seguir desplazándose hacia el lado positivo de la balanza.

Todo y que existe un problema de fondo aún más grave, y es esa separación geográfica que también comentaba; una por la cual el patriotismo ha pasado a mejor vida para ser reconocido, desde hace ya demasiados años, como un sentimiento de procedencia fascista, ligado a las águilas imperiales y a la Inquisición más extremista, y no como lo que realmente es, un sentimiento que puede mover a un país hacia la salvación económica. Porque el patriotismo, aparte de cómo un sentimiento que puede promulgar la unidad de un territorio, también puede funcionar en otras esferas, como en aquellas por las cuales terminaríamos denominándonos europeístas.

Imagínense entonces a una Europa unida, a una España que lo esté todavía más, a unas empresas nacionales en las que la envidia hacia el empresario no exista, en las que los trabajadores sientan pertenencia hacia lo que hacen, en las que se promulgue el individualismo, la compensación y la ambición por el trabajo bien hecho… mola, ¿eh? Pues así son los americanos… idealmente hablando, claro. El excepcionalismo americano tiene muchos puntos de análisis que han definido lo que es la nación estadounidense hoy en día; son aspectos, al fin y al cabo, que aquí hubiéramos sido incapaces de desarrollar vista nuestra turbulenta historia. Por tanto, y con tal de entender (vosotros, y espero que yo) las diferencias históricas que nos han hecho tan cazurros a nosotros y tan espectacularmente hábiles a ellos, dejaremos un cliffhanger bien bonito para el próximo episodio de esta pesimista y (espero) interesante columna.


martes, 8 de febrero de 2011

Esto se cae.



El hashtag #EstoSeCae empezó siendo un concepto vacío, sin pretensiones y cuya aplicación se circunscribía a las vicisitudes diarias de los mortales. Sin embargo a medida que se van desarrollando los acontecimientos esta expresión tiene cada vez más sentido y se puede aplicar a casi cualquier ámbito que se precie. Seamos sinceros, la cosa está jodida,... muy jodida. No es opinión, es información.

A nivel político y social la situación en España es lamentable. Superamos ampliamente los 4 millones de parados, el país agoniza es una crisis sin precedentes, los bancos y cajas mendigan, un  20% de la población “coquetea” con el umbral de la pobreza y al menos en un millón de familias españolas ningún miembro trabaja.
Obviamente con este bagaje los políticos han perdido ya hasta el beneficio de la duda. Los rojos, los azules y hasta los “arco iris” como Zerolo son la misma demagogia con distinto discurso. Rosas y gaviotas, gaviotas y rosas, da igual…esto no lo salva ni Dios…¿por qué?...porque #EstoSeCae.
El talante y las buenas palabras de ZP de antaño dejaron de tener sentido hace tiempo –la duda estriba en saber si en algún momento lo tuvieron- y la oposición se centra más en el guateque que montarán cuando alcancen al fin La Moncloa que en un plan de rescate y viabilidad del país a medio plazo.

Queramos o no todo esto crea una ansiedad evidente y manifiesta al “ciudadano de a pie”, ese mileurista atormentado por sus obligaciones y preocupaciones diarias. Antes podíamos apaciguar los sin sabores de nuestra vida esencialmente de cuatro maneras.

a) Fumando. Lo puedes seguir haciendo, pero en la puta calle, pasando un frío “do carallo” y aceptando que la gente te mire como un yonki (que en realidad lo eres).

b) Follando. El mercado está fatal. No es opinión, es información.

c) Bebiendo. La crisis es galopante y “Boardwalk Empire” ha hecho mucho daño, lo que hace que cada vez más impere el “garrafón” a fin de escatimar gastos y cuadrar la caja a fin de mes.

d) Bajando porno. La ministra Sinde (antihéroe y aguafiestas Nº1) tiene algo que decir sobre eso.

Conclusión. Entre todos nos están jodiendo y encima nos ponen más difícil evadirnos de la cruda realidad…ergo #EstoSeCae ¿miento?

Esta tendencia catastrofista se observa en otros ámbitos más banales.

En fútbol por ejemplo. España cerró el pasado 11 de julio el ciclo virtuoso iniciado en verano de 2008 logrando un Mundial por primera vez en su historia, y además lo hizo con un fútbol excelso que maravilló al planeta, total nada. El reconocimiento inicial llega al tener sentados en la sede de la FIFA en Suiza a cuatro españoles entre los seis nominados al Balón de Oro (Xavi, Iniesta, -mejor jugador- Guardiola, Del Bosque –mejor entrenador-). Eso sí, llega el momento de dar los “balones” y un duende rosarino y el estratega de Setúbal nos comen la tostada. Esto es #Carpantismo en estado puro señores… algo por otra parte muy español, todo sea dicho. Unos cuantos exclamaron en ese momento #EstoSeCae en un desgarrador tono de indignación, y es que la situación tenía claros matices para ser un #amosnomejodas de manual.

El famoseo patrio no marcha mucho mejor por twitter. Dejando las polémicas de Alejandro Sanz y Alex de la Iglesia a un lado -me aburren sobremanera-, me centraré en Bisbal.

Que David Bisbal anuncie una marca de crema de chocolate es normal. Que lo haga con bailes espasmódicos y rozando la epilepsia no. Que el propio almeriense quiera atesorar vía tweet un cierto nivel de cultura básica y general evidenciando que “Las Pirámides” están en Egipto entra dentro de lo normal. Que se monte la que se ha montado con el #turismobisbal no.

De hecho se ha liado tan parda que temo por la carrera discográfica del ex triunfito. Eso sí, “cuando cuelgue los micros” siempre puede montar una agencia de viajes y pegar horas extras como guía turístico. Siempre por bulería.

El caso más reciente es el de Gerard Piqué. Que el catalán deje a su novia de toda la vida para salir con Shakira es hasta cierto punto normal (aunque no tengo yo muy claro que eso acabe bien). Que el día que el defensa del Barça cuelga en twitter la primera foto consolidando la relación con la colombiana el protagonista sea #eldeloscuadros no.

Twitter empezó siendo un complemento 2.0 de la actualidad, un foro-comunidad de información y cachondeo. Sin más. No obstante la tendencia con el paso de los meses es a convertirse en abogado, fiscal, jurado, juez y parte. Esos mensajes cortos esclavizados en un rectángulo digital parecen inofensivos a simple vista, pero organizados y con la dosis de ingenio suficiente (haberlo haylo a raudales en la red) pueden castigar y endiosar a una velocidad de vértigo, elevar al anónimo y hacer caer al grande. Esa y no otra son la gracia y la riqueza de Twitter. Trend topics, retuits, halagos y hostias como panes pasan cada día por nuestras pantallas a una velocidad que asusta. Y esto solo acaba de empezar…vendrán más y más gordas. Tiempo al tiempo.

Dicen los mayas que en 2012 “se va el tenderete #ATPC (a tomar por culo, para los nuevos)”, vamos que se acaba el mundo. Seguramente dicha profecía sea errónea o al menos eso nos esforzamos en pensar ya que nadie se lo toma en serio y seguimos con nuestras vidas de forma ufana y ociosa sin mayores preocupaciones que llegar al menos a cobrar mil euros al mes, la “eyaculación precoz” de la batería de nuestro móvil o que nos hayan cerrado el rojadirecta y el seriesyonkis de turno.

Sin embargo estaremos de acuerdo en que este año 2011 ha empezado de forma convulsa en todo el mundo y a todos los niveles, no solo en España. Sólo hay que poner nuestras miradas en lo acontecido en Túnez o Egipto para ver que el tema se está cayendo pero de verdad.

Se cae hasta el punto de cosas intrascendentes como que la Superbowl 2011 se haya celebrado sin que por primera vez en años Poli Rincón la comentara amorrado a un cubata. Cuentan las crónicas que la burlesca Cristina Aguilera se equivocó cantando el himno yankee. “#EstoSeCae” debió pensar algún conservador norteamericano, con razón.

Se cae, mejor dicho, se sigue cayendo en picado la televisión de nuestro país, ahora ya de forma clara y con las caretas fuera. Cierran CNN+, Tele5 reprograma con GH 24 horas y de paso hace una apuesta definitiva por la televisión escatológica (La Caja Deluxe, Sálvame, y por si era poco el menú nos obsequian con una nueva edición de OT de color “arco iris” con “Genos y Ramiles” como atracciones).

Gracias a Dios siempre nos quedará “Princesas de Barrio” (La Sexta), mierda en estado de puro, sin adulterar, sin colorantes y sin conservantes, con chonis auténticas y de perfil bajo (muy bajo) como protagonistas. Programa sin pretensiones que no engaña a nadie y va de cara. ¿#MeEntiendes?

OT es mierda disfrazada de champagne con Pilar Rubio como enganche para ellos (aunque se está quemando ella sola), unos teenagers aniñados como cebo para ellas y varios “seres difusos” para tocar un poco todo los palos y que todos estén contentos.
Yo que queréis que os diga, puestos a elegir, me quedo con “Princesas de Barrio”, es mierda vale, pero me río y me divierto. Es puro frenesí y cruda realidad llevada a la pantalla. Canela en rama.

Yo no digo nada, pero...¿puede ser que todo lo relatado en los párrafos anteriores sean claras e inequívocas señales o guiños previos al apocalipsis vaticinado por los mayas? Veremos como se va desarrollando el año…en cualquier caso ¡HOMBRES DEL MUNDO!…yo de vosotros iría “arrimando el pizarrín” todo lo que podáis y más (o lo que os dejen)…por lo que pueda pasar, no sea que cuando os deis cuenta ya sea demasiado tarde.

Si ellas os preguntan el porqué siempre podéis contestar con un conciso y directo “follemos porque #EstoSeCae”.  Seguro que lo entenderán.

En Barcelona (ciudad sin ley) a 8 de febrero de 2011.




@Borja_Pardo (hace tiempo que me caí).