Mostrando entradas con la etiqueta carbón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carbón. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de enero de 2011

Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:
Este año he tardado más en enviaros la carta. No es que me haya vuelto una españolita al uso y esté dejando todo para el último momento, ni que tuviera pensado enviaros mejor un e-mail. Pero en 2010 me abrí una cuenta en twitter y en ese sitio la gente dice mucho eso de que vosotros sois los padres. ¡Qué ingenuos!

Ya sabéis que en 2010 no me porté del todo bien. No sé cómo, acabé adquiriendo una fama de bruja que no me la merezco (?). Pero eso lo hizo un poco más divertido. También ayudó a ello lo de hacerme la cuenta en twitter. Ahí son todos muy malas influencias. Pero, aparte de eso, he sido muy buena. De verdad… Bueno, lo he intentado. Ya sabéis que lo de la dulzura con la gente no es mi fuerte, y que suele salirme espontáneo sólo con quien se lo merece.
Os agradezco el regalo del año pasado. Tardó en llegar, pero creo que se os ha ido de las manos. Os pedí un trabajo. Y ahora tengo dos y cero días de descanso. Lo de salir con los amigos, hablar con la familia y ver a la gente que quiero lo tengo muy apartado. Eso de no parar en un sitio me deja pocas posibilidades de entablar vida social. Tenéis que arreglarlo para este año, ¿de acuerdo?

Por lo demás, me gustaron muchísimo las gratas sorpresas. Me he reído como nunca gracias a todas esas cosas buenas que habéis puesto en mi camino. He llorado de la risa, aunque también me he puesto triste al final del año. Eso voy a olvidarlo. Llorar de la risa me dio agujetas en las mejillas; lo segundo, en el alma. Pero creo que ambas se curan con cositas dulces. Probaré.

Como cada año, tengo que acordarme de los demás. Para esas personas que me han hecho pasar un gran año, traedles todo lo mejor. Incluidas sorpresas agradables como las que me regalasteis a mí el año pasado. Esas cosas hacen ilusión. A mí me ilusionaron muchísimo.

¡Ah! No quiero olvidarme de un chico que me hizo gozar mucho en 2010. Bueno, no sólo a mí. Por lo que se ve, es un rompecorazones. Hizo gozar a muchas y muchos. Traedle lo que pida, que se lo ha ganado. Se llama Andrés, de apellido Iniesta. Creo que podéis encontrarlo por Barcelona. Es fácil de reconocer, es así blanquito de piel y a su alrededor suele haber silencio. Lo mismo un Balón de Oro no estaría mal. A sus amigos, los campeones del mundo, lo que pidan. Que también nos trajeron alegrías para cuatro años.

Otros que merecen un buen regalo son Rafa Nadal, Pau Gasol, Mireia Belmonte, Amaia Valdemoro y sus compañeras,… Para ellos, incienso y mirra. O lo que sea que regaléis ahora. Lo mismo les viene mejor el iPhone ése. Los que no sé si este año merecen regalo o carbón son Alberto Contador y Marta Domínguez. Y creo que ni siquiera vosotros vais a decidir eso. Un juez creo que es el que se encarga.

El carbón traédselo a todos esos jefes y políticos que se han amparado en la crisis para mandar a más de cuatro millones de personas a la calle. En Periodismo, la mayoría se acuerdan de los trabajadores de CNN+. Pero a mí me vienen a la cabeza todos esos profesionales que tuvieron que dejar paso en la COPE para que desembarcara ‘la familia’ de Paco, Juanma y, próximamente, Mr. X. Me pregunto qué habrá sido de ellos. De ellos, y de otros muchos que este 2010 no acabaron el año de la mejor manera y no tienen un nombre 'famoso'.

Espero no olvidarme de nadie. Aunque vosotros sabéis bien quién se merece regalos, quién un poco de carbón y quién carbón del dulce . Yo este año me dejo sorprender, pero que sean sorpresas bonitas, como las de 2010. Gracias por todo. Dejad lo mío en mis zapatos, como siempre. Os pongo los de tacón, los más altos, que son los que menos uso, y olerán menos a pies.

PD1. Esta noche os vuelvo a dejar galletas y leche junto al árbol. La idea que me propusisteis el año pasado de salir a recibiros en pijama me trajo algún problema. Me resfrié y mi vecino pasaba casualmente por allí con su cámara y destrozó en Youtube mi reputación. Estas nuevas tecnologías son muy peligrosas. Y más teniendo en cuenta que ahora tengo twitter y se lleva mucho lo de vender escobas y mear colonia.

PD2. Todo lo bueno que me trajisteis en 2010, quiero conservarlo. No está la vida para ir dejando escapar las cosas y, sobre todo, las personas que te hacen feliz.

@pilar_arjona

viernes, 5 de noviembre de 2010

Un tren. Un viaje. Infinitas historias


Debuto en la Comunidad pidiéndoos que subáis y viajéis conmigo a bordo de un tren que es algo más que un tren: el Hullero.


A finales del siglo XIX la minería del carbón comenzaba a despuntar en las cuencas leonesas y palentinas. Mientras tanto, el País Vasco ya era un hervidero industrial cuyo epicentro se situaba en los Altos Hornos de Vizcaya, donde su siderurgia se alimentaba del carbón que importaba por barco desde Gran Bretaña o Asturias. Las consecuencias de la citada importación se traducían en que el coste del lingote de hierro vizcaíno fuera el triple que el de Pittsburg, Loire o Westfalia.
Sin embargo, la siempre pujante burguesía vasca pensó que traer el carbón de la franja cantábrica leonesa y palentina sería más rentable y, en 1894, se inauguró una tortuosa línea de ferrocarril que atravesaba tierras de León, Palencia, la actual Cantabria, Burgos y Vizcaya. No me quiero imaginar las complicaciones que supuso la construcción de aquel trazado entre esas escarpadas montañas. De hecho, el Hullero (o el Transcantábrico, el Tren de Matallana, el Ferrocarril de la Robla, el León-Bilbao, otros de sus apelativos) aún es hoy el ferrocarril de vía estrecha más largo de Europa occidental. 335 kilómetros del ala. ¿Por qué la vía estrecha? Porque ahorraba un sesenta por ciento respecto al ancho normal, pero también porque se consideraba más adecuado al recorrido sinuoso.


Éste es un tren de campesinos viejos y de mineros jóvenes. Aquí hay algo desconocido. Si supiésemos qué, algunos de [nosotros sentiríamos vergüenza, y otros [esperanza.


Lo dice Antonio Gamoneda en uno de sus poemas. Y tiene razón, pues subirse al tren de Matallana es hacerlo a una infinita historia en movimiento: la historia de la vida y de la muerte; en definitiva, el Viaje (Ulises, Dante, Quijote. Nosotros).
Este es un recorrido para mirar, para reflexionar y para dejarse llevar por los recuerdos de una vieja máquina de vapor, lejos de los estresantes tiempos de la alta velocidad. La moderada marcha del tren hace que podamos contemplar alguno de los paisajes más impresionantes del norte peninsular. Estos son vagones de bocatas de tortilla de patata, de buenos embutidos curados al frío y de quesos locales, regados con caldos humildes pero eficaces. Un ferrocarril que tiene hasta su propio plato: la olla ferroviaria -en el País Vasco la llamaban Putxera-, alarde culinario inventado por los maquinistas, que aprovecharon el calor que desprendía la locomotora para cocinar comidas contundentes (alubias, garbanzos, patatas con carne). No debemos olvidar que era muy habitual que la nieve impidiera avanzar al tren durante varios días y se tuviera que parar en alguna de las estaciones del camino.

Ante nuestros ojos desfilan montañas, ríos, valles, puentes, iglesias románicas, pueblecitos encantadores, restos del esplendor minero. En definitiva, recuerdos del mundo rural, de un modo de vida que ya no existe, y que se aprovechó de este mismo tren para huir de la decadencia minera y emigrar hacia donde había trabajo. El carbón leonés y palentino dejó de transitar por estas vías, al tiempo que sus mineros se reconvertían en empleados de la industria vasca.
La evolución desde las apenas diecisetemil toneladas de carbón transportadas de 1895 al casi un millón de 1958, evidencian su impresionante actividad y su enorme rentabilidad. (A lo que se debe añadir el casi millón y medio de pasajeros en 1948). Sin embargo, la competencia del transporte por carretera o la casi eterna crisis del carbón, provocaron que, a partir de 1968, la empresa entrara en pérdidas, pasando a manos de la estatal FEVE en 1972. A pesar de los intentos de modernización de la misma, la duración del viaje de ¡doce horas! entre León y Bilbao en 1991 deja bastante claro la inviavilidad económica del Hullero. Ese nefasto año de 1991 se cierra la línea, lo que supone un mazazo en algunas comarcas, que quedaron casi abandonadas.



Las reivindicaciones provocaron que poco a poco se fueran reabriendo tramos, hasta llegar a 2003, en el que milagrosamente se abre de nuevo la línea León-Bilbao, reduciendo el viaje a la duración de siete horas. El único futuro del tren pasa por el turismo, consuelo de aquellos que le vieron en su esplendor.

Como se ha visto, esto no es un tren, es una historia de éxitos y de fracasos. Es una historia de mineros que emigran a Bilbao. Es una historia del abuelo que le enseña su pueblecito al nietín. Es una historia de frío. Es una historia de Chuchi, el mítico maquinista. Es una historia de la Olla Ferroviaria. Es una historia del Torio, del Curueño, del Porma, del Cea, del Carrión, del Pisuerga, del Ebro, del Trueba o del Cadagua. Es una historia de campesinos viejos. Es una historia de tener que parar una semana en Mataporquera por la nevada. Es una historia que ojalá algún día también hagáis vuestra. Estáis invitados.
Pasajeros al tren.




“Cuatreros de ganado, en el tren de Matallana, ganadero, revisor vuelan por la ventana, las reses mugen locas, mientras saltan del vagón, ni Texas ni Arizona el oeste está en León ".
(Deicidas.)

Artículo de @unmirador