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lunes, 8 de noviembre de 2010

Anti-remakes (by Dana Wild)


Hoy sólo quería dejar un breve apunte sobre otra de mis molestias personales: en un mundo informatizado y actualizado no hace falta que yo me ponga ahora a explicar lo que es un remake, ¿verdad? Eso sería redundarme mucho, pero por si las moscas (y también porque lo dicta el protocolo) lo voy a explicar: un remake (como la propia palabra inglesa sugiere) es una nueva versión de algo ya existente. Concretamente, hoy vengo a mostrar mi rechazo a los remakes cinematográficos.

Hay de hecho un sólo punto a favor desde mi punto de vista de los remakes: cuando una película es muy antigua (pongamos por caso, Nosferatu (1922), de cuando el cine mudo), sí es evidentemente necesario hacer una nueva versión, que goze de los adelantos de la época (siempre procurando ser fiel al guión original - si tan bueno era -, o mejorándolo, si cabe). Pero estoy absolutamente en contra de los remakes por gusto "para innovar" (Romeo + Julieta de Bazz Luhrmann, por ejemplo - y mira que esa película marcó mi adolescencia xD), o de los remakes estadounidenses que se hacen de prisa y corriendo de éxitos europeos o de cualquier otro continente (véase el caso reciente de la trilogía sueca Millenium, o de Déjame Entrar). Si estas películas son buenas de por sí y permiten al espectador internacional comprender cómo es el cine o la perspectiva de vida de otros países, ¿por qué hacer remakes desde el punto de vista estadounidense o indio? (y cito estos dos países porque por supuesto son los dos mayores productores de remakes del mundo, especialmente la India). Y sobre todo tan rápidamente (al año siguiente). Además, teniendo en cuenta que los remakes (al igual que las segundas partes de películas que debieron finalizar con la primera parte) no suelen tener éxito (véase el caso de la coreana My Sassy Girl...el remake americano ni siquiera fue estrenado en cine). ¿Y qué tal si mencionamos la española Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios? Hay cosas que sólo funcionan en el sitio de origen...cambiarle el argumento para que "pegue" en otro país me parece innecesario, antisolidario e irritante.

No tengo claro qué es lo que me indigna más: que grandes países se empeñen en hacer sus remakes de películas extranjeras como si las originales no fueran lo suficientemente buenas o no pudieran entrarle en la cabeza a los espectadores locales, o que los países de origen vendan sus ideas para así sacar más dinero.

Y la última aclaración que quiero hacer es ésta: no soy anti yankie, ni anti ningún país. Simplemente me parece que los remakes sobran. Cada país debería proteger y ser responsable de su propia obra (esto también incluye a las piezas de los museos originarias de cada país, que luego se adjudican otros), así como de hacer que el resto del mundo conozca sus éxitos tal y como han sido creados.

Puntos a favor:

1. Se hacen necesarios cuando la obra original es demasiado vieja, innacesible o necesita ser renovada.

Puntos en contra:

1. Riesgo de cambio del argumento, de introducción de cosas que no estaban en la obra original.
2. Alienación y deformación del argumento original.
3. Se impide que la audiencia entienda la perspectiva de otros países.
4. La gente en la mayoría de los casos no llega a conocer la obra original.
5. Se devalúa una idea si se vende a otros países para que la "plagien bajo consentimiento monetario."
6. No siempre tienen éxito. Son una pérdida de dinero de algo que podría ser conocido por la auténtica obra.


Artículo cortesía de Dana Wild
Sigue su twitter: @Dana_Wild

Volver a ser de repente (by Lorenzo Herrero)



Corren malos tiempos para el teatro de la vida, escasean los actores y abundan los figurantes. ¿Quiénes desempeñarán los papeles protagonistas?

Hoy asistimos como telespectadores a la risa, al llanto, al amor, al sexo... en vez de reír, llorar, amar, gozar... Hoy consumimos con voraz apetito las andanzas de un grupo de jóvenes en pos de la fama o el triunfo, devaluadas palabras convertidas en deleznables eufemismos del dinero. Pero hoy también cada persona que abre un libro, que escribe un poema, que se compromete con algo o con alguien es reflejo de que la vida no se resigna a perder la batalla con el tedio.

Creador y creyente, luchador y soñador son demasiado a menudo náufragos en la corriente de la abulia individualista y ególatra en que fluye nuestra sociedad. Personas que se resisten a la cruel, cómoda e incluso gratificante, tiranía de la masa, que se apodera de nuestras vidas para reducirlas a meros estudios estadísticos. Gente que pelea por escribir su historia, por protagonizar su vida, por hacer más llevadera la vida de los demás.

La juventud, es el caldo de cultivo donde nace el revolucionario, el inconformista, el artista y el idealista; donde el deseo es más fuerte que el temor a la represión, donde el premio le roba la cartera al castigo sin importarle el riesgo. Y es hoy cuando jóvenes, incluso de 70 años, se aventuran a destacar frente a decrépitos ancianos imberbes sin recuerdos a los que aferrarse. Jóvenes que no aceptan excusas ni demoras a la hora de rebelarse frente al mundo en el que viven, capaces de mirar con otros ojos la realidad que les rodea. Epígonos aventajados de Marcuse que han comprendido que para cambiar el mundo hay que comenzar por cambiar uno mismo.

Hoy, en nuestro mundo occidental, no existen dictadores a los que derrocar, ni revueltas obreras que apoyar, ni siquiera movimientos de vanguardia que seguir pero, aún así, hay injusticias contra las que luchar. Es impensable revivir otro Mayo del 68, ni otra primavera de Praga pero, dentro de nuestra sociedad, se está generando una nueva revuelta, una revolución sin armas, sin cargas policiales, sin barricadas. Una revolución gestada en el seno de cada figurante que decide dar un paso al frente y dejarse iluminar por los focos para ser él luz. Una revolución que nace cuando el maquillaje comienza a descascarillarse y nos deja ver la realidad. Una revolución que da sus primeros pasos cuando cada joven trueca el mando a distancia por la pluma de la solidaridad y empieza a escribir su historia, y junto a miles de jóvenes iguales a él están escribiendo la historia de su ciudad, de su país, del mundo.

Las filas del ejército de la solidaridad crecen día a día con jóvenes, de cualquier edad, raza y condición, hastiados de buscar y no encontrar, abrumados por los falsos vendedores de la verdad, de la justicia y de la paz; desengañados de carteles, pasquines y libelos, repletos de promesas. En las organizaciones no gubernamentales cooperan amas de casa, universitarios, jubilados, parados y trabajadores. En ellas tiene cabida todo aquel que esté dispuesto a comprometerse para hacer que el mundo sea un lugar cálido y habitable. Y cada uno se compromete como puede, con su trabajo, con su apoyo económico… Mano con mano se funden en el espíritu que les mueve a actuar creando en ellos una conciencia que les hace ser testigos de que no todo está perdido, de que la justicia triunfará un día, porque ellos día a día van ganando pequeñas batallas.

El compromiso que, por su naturaleza, tiene el hombre con la sociedad en la que vive es el que ha impulsado durante siglos a los filósofos, a los científicos, a los políticos a trabajar por un mundo mejor. Es hoy -cuando los partidos confluyen en las mismas ideas aun con diversos matices, cuando ninguna política es indiscutiblemente mejor que otra- cuando más claramente podemos divisar que las ideologías pueden desaparecer, pasar de moda, pero no así los ideales.

Hoy los jóvenes, y por eso lo son, sienten una vez más en su interior la llamada a rebelarse contra lo preestablecido, quieren hacer las cosas por sí mismos en lugar de encontrárselas hechas, desean una vez más ser partícipes en la construcción de la historia.

Somos testigos de la proliferación de organizaciones orientadas al voluntariado, organizaciones encaminadas a mejorar la sociedad, a paliar las injusticias, a calmar la sed de los que necesitan pilares donde sustentar su rebeldía. Y nos encontramos cara a cara con una nueva revolución de los claveles, porque el voluntario cambia el mundo, aunque no por la ayuda que puede prestar a la naturaleza, al pobre, al marginado... más bien porque dentro de él ha comenzado a brotar una flor, la flor de la juventud, la flor del compromiso y la flor de la solidaridad. Esa flor, la que el payaso entrega a los niños que lloran para calmar su angustia, esa flor símbolo del comienzo, del amor, de la risa, nos hace, en palabras de Violeta Parra, “Volver a ser de repente”.

Artículo cortesía de Lorenzo Herrero
Sigue su twitter: @loquepajque

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Seguramente no fue así (by Ángel Gil)


El poeta sabe que, llegado a este punto, tiene bastante con ir enumerando cosas y personas para que la poesía cuaje. La musa está en plena jornada laboral y le pone delante una rima espléndida, de las que parece que no pueden ser gratis: "Ramallets" con "panellets". Está muy bien. Viene muy a cuento: un héroe legendario del fútbol y un dulce tradicional, a la hora de llamar a la nostalgia. Sin embargo, el poeta no sabe muy bien por qué, pero sospecha que no encajarán. Prueba y prueba, pero no acaba de gustarle como combinan. Está pensando, incluso con los ojos apretados, hasta que por fin la musa se desdice y le da nuevas instrucciones. Ha de quitar a "Ramallets"; poner unos sorprendentes "penellons" (se trata de sabañones, nada menos); y hacerlos rimar de una manera asonante, tosca y forzada. El poeta, primero, se resiste, pero en un momento comprende lo que tiene que hacer, y lo hace. Quita la leyenda, mantiene el dulce, introduce los sabañones y pone a los cinco de delante y, al hacerlo, confirma en la gloria, acaso por siempre, a Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón.


Artículo de Angel Gil 
Socio, amigo y Abogado del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona.

*No tiene twitter, ni falta que le hace.