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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Puede contener trazos de frutos secos


La clase media londinense vive en un estado de angustia permanente. May Contain Nuts, divertidísima novela de John O'Farrell, dibuja a la perfección a los padres de clase media británica y en Comunidad Twittera, si interesa y me dejáis, me gustaría hablar de la clase media londinense.


No hay londinense de clase media que se precie que no se crea alérgico a algo. Al gluten, al trigo, los frutos secos, la lactosa, la cafeína, los aceites minerales, el poliéster, la clase trabajadora…

Creativos, gente del mundo de la moda, ejecutivos de la BBC, algún que otro financiero e inquilinos de viviendas de protección oficial se mezclan en Crouch End, N8. O eso pensaba yo. Todas estas personas comparten código postal pero mezcla, lo que se dice mezcla, más bien poca.

Crouch End, en el norte de Londres, nació como aldea en la ruta medieval de Londres hacia el norte de Inglaterra pero, y muy posiblemente gracias a la apertura de un estudio de grabación en el que han trabajado grupos como The Kinks y Eurythmics, se convirtió en un pueblo - Londres es una ciudad compuesta por pequeños pueblos - de clase media, con residentes ilustres como Jimi Mistry (East is East, The Guru, RocknRolla...) y docenas de caras conocidas de la televisión británica.

Frederik Barth
, antropólogo noruego, defiende que las fronteras no separan diferencias sino que, por el contrario, aparecen cuando se trazan éstas ya que las buscamos para legitimarlas.

Cuando no hay fronteras físicas, cuando no hay manera de echar a los inquilinos de viviendas de protección oficial, el pueblo, la clase media londinense, toma los comercios y abre docenas de cafeterías italianas con wifi gratis, tiendas de muebles vintage y cuatro o cinco restaurantes con banderas cubanas, fotos del Che, y hamburguesas (sin patatas fritas, ni ensalada) a £10.

Anoche descubrí, a la salida de Pilates, que mis vecinos - iPad, skinny latte (café con leche desnatada) y canestrelli en mano – han decidido empezar una lucha para dotar al pueblo de identidad propia. Molesta que todas las calles principales londinenses tengan la misma apariencia, las mismas tiendas.

Razón no les falta - la globalización ha homogeneizado todas las ciudades occidentales - el problema es que, aún teniendo Starbucks, Costa, Tmobile, Orange, Carphone Warehouse, Boots, Gourmet Burger Kitchen y 3 grandes supermercados - en una calle de poco más de un kilómetro de longitud - han decidido centrar la campaña en el cierre del “restaurante“ de comida rápida KFC.

Curiosamente, o quizá no tanto, KFC es uno de los pocos locales de todo Crouch End, en el que uno se encuentra con los otros residentes del barrio. Con los que no van a Pilates, ni son alérgicos al poliéster, ni tienen velas Dyptique en el baño de invitados.

Si fuera propensa a pensar mal, diría que molesta la clientela y no que KFC sea una cadena.