La de la foto no soy yo. Lleva las uñas rojas y yo siempre
me lavo las manos después de matar a alguien
No sé si habéis sentido alguna vez esa desolación, la provocada por su ausencia. Mirar el móvil una y otra vez para comprobar si tienes señal suya. Que no haya ni rastro. Hora tras hora, así durante días. Con la incertidumbre de qué estará pasando. ¿Os ha pasado alguna vez? A mi sí. Durante tres días completos. Durante tres largos días... No tuve internet.
Esta Semana Santa fui a pasar unos días a París e intenté desconectar del trabajo. ¿Cómo? Desconectando el internet de mi Iphone. Bueno, por descansar y porque no quería vender el riñón derecho para pagar la factura de teléfono. El izquierdo lo vendí para llenar el depósito de mi coche.
Pensé que podría aguantarlo, pero a los 20 minutos de llegar a Francia, ya había mirado 5 veces mi twitter sin actualizar, las 4 primeras por inercia, la quinta para ver si pillaba wifi gratuita. A las dos horas tenía sudores, escalofríos, depresión, mal humor. A las seis horas le hice follow a una tía que masticaba chicle con la boca abierta. Para los que no sepáis que es hacer follow, es empezar a seguir a una persona. A ésta la empecé a seguir con un bate, concretamente. Y ahí me di cuenta, soy adicta a internet, a Twitter, a mi correo electrónico, a los juegos online, a las últimas noticias, a los últimos virales… Soy tan adicta a ver vídeos en internet, que me compré un iPad porque la polla de Nacho Vidal no cabía en la pantalla del iphone.
Así que empecé a recapacitar sobre mi adicción. Y ahí empezó a aflorar todo. Tú te das cuenta de que eres adicta a Internet cuando tu chico te pregunta: "¿Cuándo te tiene que venir el periodo?" Y tú le dices “consulta el calendar del gmail”. Cuando mi madre me dice que le estoy agotando la paciencia y le digo que compre más en eBay. Cuando no tengo conexión a internet y compruebo si se la puedo chupar a algún vecino. Así me da la clave del wifi.
Y cuando eres adicto, lo sabes, pero no lo reconoces. Mi madre entra en mi habitación y me pilla con algo entre las manos y yo grito ¡QUÉ TWITTER NI QUE TWITTER!
Y cuando eres adicto, lo sabes, pero no lo reconoces. Mi madre entra en mi habitación y me pilla con algo entre las manos y yo grito ¡QUÉ TWITTER NI QUE TWITTER!
Estoy tan enganchada a Twitter que se me ha luxado el dedo índice. Y para colmo, os reproduzco la última conversación que tuve con un amigo:
- Raquel, eres tecnosexual.
- ¿Y eso qué es?
- Eso es que disfrutas más con un aparato electrónico que con un chico en bolas.
- (Cogí el iPhone y lo acerqué a mi cara. Aspiré) ¿Tanto huele?
NOTA: Un abrazo a todos los enganchados como yo y espero que os haya sacado al menos una sonrisilla. Un lujazo estar en este blog.