sábado, 12 de mayo de 2012

LAYLA Y OTRAS CANCIONES DE AMOR




Pattie Boyd nació hace poco más de 68 años en Taunton, capital del condado de SomersetInglaterra. Una de las características de esta ciudad es su milenaria tradición religiosa y militar. Esta mujer no ha pasado a la historia por ninguno de estos temas, en absoluto, salvo por ser hija de un miembro de la Royal Air Force.

Se dedicó a la pasarela, y desfiló a principio de la década de los sesenta para Mary Quant, diseñadora galesa a la que debemos agradecer la minifalda entre otras prendas. Era una auténtica belleza, como se puede apreciar en la foto, aunque lo cierto es que su posado fotográfico no era muy demandado porque al parecer los fotógrafos de la época eran un poco reacios a sus prominentes dientes, así que se dedicó específicamente a desfilar en las principales cunas de la moda; París, Nueva York y Londres.

Hizo también sus pinitos en el mundo del cine rodando bajo las órdenes de Richard Lester una película titulada “A Hard Day’s Night”“Qué noche la de aquel día” en España, “¡Yeah, Yeah, Yeah, Paul, John, George y Ringo!” en Argentina.

Es aquí donde empezó todo. Ella hacía un pequeño papel de colegiala y durante el rodaje, escena tras escena, fotograma a fotograma, iba siendo cortejada por George Harrison. Empezaron una relación que con el tiempo consagrarían en forma de boda en aquellos locos días de LSD, viajes a la India y música de sitar después de encontrar un hueco en la ajetreada agenda beatle que dirigía el manager de la banda, Brian Epstein.

George Harrison como excelente compositor que fue, hizo lo que debía y compuso para su mujer una de las más brillantes baladas que jamás se han escrito; “Something”. Sería elegida unánime y excepcionalmente por Lennon y McCartney como primer single de Abbey Road, LP de finales de 1969. Sería el adiós definitivo de los Beatles.

Es ya 1970 y George Harrison decide dar formato a todo ese material que jamás usó con sus compañeros de Liverpool y para su debut en solitario invita a su íntimo amigo Eric Clapton a formar parte de All things must pass, álbum también conocido como Las canciones que John y Paul no me dejaron meter en los discos de los Beatles. Producido por el excéntrico Phil Spector, hoy entre rejas, encontramos la guitarra de Clapton en “Itsn’t It a pity”, un delicado tema compuesto en la época beatle basado en los titubeantes comienzos de la relación entre George y Pattie. La canción es preciosa y el disco es a día de hoy el más vendido por un beatle en solitario.

En esos mismos días, Clapton, preparaba otra virtuosa y efímera banda, como también lo fue Cream, bajo el nombre de Derek and The Dominos. Grabaron únicamente un LP titulado Layla and Other Assorted Love Songs (Layla y otras variadas canciones de amor). Una obra maestra del rock entre las que encontramos dos auténticas joyas; la desgarradora y afamada “Layla” y mi favorita de todo el disco, “Bell Bottom Blues”. Las dos canciones están dedicadas a la misma mujer, Layla, pseudónimo que usaba Clapton para ocultar a la mujer que amaba en secreto desde hace ya algunos años.

Años después, Eric Clapton se casaría finalmente con Layla y compondría la exitosa “Wonderful Tonight”. La misteriosa mujer que se escondía bajo este pseudónimo no era otra que Pattie Boyd.

jueves, 10 de mayo de 2012

EL REINO DE LOS CIELOS



por Lucía Taboada


Dichoso Ryanair porque suyo será el reino de los cielos.
Mt 5, (1-4)

Michael O´Leary, flamante presidente de Ryanair, vestido de blanco y azabache, se pasea por las oficinas centrales de la compañía en Dublín con semblante serio. Juguetea con una pequeña réplica de un Boeing 737-800 mientras medita sobre algún innovador plan para abaratar costes. Imitando el rebufo de las turbinas de los motores va descartando algunas tribulaciones algo descabelladas:

- Suprimir los baños. Ya me lo imagino: “Bienvenidos a este vuelo de Ryanair. Los baños los encontrarán al fondo del aeropuerto tras aterrizar. Queda terminantemente prohibido que ingieran alimentos o líquidos antes de embarcar. Jajaja" Descartada porque el cuerpo humano es una máquina imperfecta, no como Ryanair, y nunca se sabe.

-Suprimir los pilotos. Esta idea puede entrañar algún riesgo, ciertamente. Por ahora descartada.

-Proponer al Gobierno español el anuncio de sus medidas económicas durante los vuelos a cambio de subvenciones. Las podríamos meter entre los cigarrillos de vapor. Tendría más glamour que el último párrafo de una nota de prensa, eso es así. Pero no sé cómo se lo tomaría la gente, tampoco quiero un motín en el avión...Por ahora descartada.

-Cobrar a los pasajeros por aplaudir tras aterrizar. Necesaria pero muy floja.

-Cobrar a los pasajeros por montarse encima de la maleta para cerrarla. Mmmm, muy floja.

-Cobrar a los pasajeros por hacer fotos de las nubes y subirlas a Instagram. Necesaria pero muy floja.

-Cobrar a los pasajeros por escribir mal el captcha de la página web al sacarse un billete. Descartada por ahora. Idear nuevos captchas con fórmulas trigonométricas insertadas.

-Cobrar a los pasajeros porque sí. 

El calor aprieta debido al calefactor adquirido en un Cash Converters. Comienza a oler a quemado. El magnate se desprende del calefactor y piensa que tal vez debería haber comprado uno un poco más caro. Empieza a mordisquear el ala izquierda del aeroplano de juguete cuando de pronto, se ilumina su rostro. ¡Ya lo tengo!, exclama. “Puedo prescindir de las azafatas con acento extraño y a través de un rasca y gana elegir al azar tres pasajeros en cada vuelo que se encarguen de su función. Total, leer publicidad cansinamente sabe hacerlo todo el mundo. Se les haría un descuento del 10% en el billete por las molestias, claro. Oh Dios mío, sería fantástico. Me ahorraría el salario de más de seis mil trabajadores, JAJAJAJA. Michael, eres un genio. Te mereces un ascenso, jajaja. Pero si no puedo ascender más, jajaja, Ay bribón”.  Tras la brillante idea traza un pequeño esquema  y se lo manda a sus asesores económicos y su director de comunicación. Reclina su silla amarilla y azul y ya con los párpados cerrados deja que el sueño le venza.

O´Leary sabe que ha roto todos los esquemas de negocio. Es el hombre más rico de Irlanda, provocador, transgresor, osado, carente de ética para muchos, increíblemente intuitivo para otros . Su afán recaudatorio no tiene límites. La competencia le odia y él tampoco esconde su viperina lengua al referirse a la misma. Ha llegado a afirmar que Iberia “roba a sus clientes” o que Easyjet nunca triunfará porque en Europa “no hay espacio para dos aerolíenas de bajo coste”. Tiene problemas con sindicatos, trabajadores, ecologistas, controladores aéreas, agencias de viajes, Comisión Europea o clientes. Si pudiese tendría confictos hasta con las nubes. "Me importa una mierda no gustarle a nadie. No soy un aerosexual. No me gustan los aviones y nunca quise ser piloto como esas brigadas de matones que pueblan la industria", decía durante una entrevista. Pero todo ello no importa. Su éxito parece infrenable. Porque el ser humano es el único que tropieza varias veces con Michael O’Leary. 

ES MI TWITTER...




Es mi Twitter y me lo follo* cuando quiero.
*para los informáticos, follar es eso que hacéis por las noches, pero con otra(s) persona(s) viva(s). Si eres necrofílico, cuenta como muñeca hinchable.

Estimados lectores, (a los que os estimo más aún cuando venís a verme actuar) hace tiempo que Twitter se ha convertido en lo más parecido a un marido que he tenido nunca; me paso todo el día enganchada a él, me llevo alegrías y disgustos a partes iguales y tengo que ir dando explicaciones por todo. Y por supuesto, sin sexo alguno.

Cuando hago un chiste de humor negro que me he pasado, cuando hago uno muy blanco, que qué soso, si pongo un tweet anunciando una actuación, que si me he creído que esto es un tablón de anuncios. A veces me dan ganas de contestar, y tú ¿quién te crees protestando por todo? ¿Mourinho?

Si toda la indignación que pone la gente en protestar a otros por el uso de su twitter, lo pusiera en cosas importantes, tal vez Rajoy en vez de darle una inyección a la banca, estaría financiando la alfabetización de los estudiantes de ESO.

La cosa está en que yo no recuerdo, cuando me abrí la cuenta de Twitter, que la página te diera unas instrucciones de uso. Cada uno tiene que usar su cuenta como quiera, incluso para delinquir. Si quieres amenazar a alguien de muerte o colgar enlaces para descargar contenido con derechos de autor, hazlo. Tal y como está la crisis, es la única forma de asegurarte techo y comida, aunque sea la cárcel.

Cada uno debe usar Twitter como quiera y por eso voy a explicar en qué modo uso yo la estrella de favorito. La gente normalmente usa esa estrella para decir que un tweet le ha gustado mucho. En cambio yo, como buena murciana, lo uso para dos cosas. (Los murcianos le damos varios usos a todo, incluso los gruñidos, que los usamos como lenguaje).

Empecé, como todos, marcando favorito a los tweets que escribían otros twitteros y me gustaban mucho. Luego llegó la avalancha de followers con sus respectivas menciones. Suelo tener de media, entre 200 y 500 replys al día, eso cuando no polemizo, que sobrepasa las 1000. Imposible contestarlas a todas. Ahí es cuando hago el segundo uso de favorito. Si alguien se ha molestado en contestarme, y a mí no me da tiempo a responder, marcando favorito es una forma de que sepa que, al menos, lo he leído.

Tal vez vosotros no le deis importancia, pero para los que nos dedicamos a escribir, que nos lean es algo que agradecemos muchísimo. Y yo no voy a ser menos con mis followers. Puede que no me dé tiempo a contestar, pero siempre leeré cada tweet que me envíen. Twitter off.

PD: Twitter on. No sé por qué este post se puso ñoño hacia la mitad, pero me adelanto a vuestras preguntas: No, no estoy con el periodo. Ahora sí, Twitter off.

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿FUTBOLERO? NO, DEL ATHLETIC




“¿Qué hizo el Athletic ayer?”. Ya sabes, palmamos. Bla, bla, el último minuto. Bla, bla, bla, el árbitro. “Joder, macho, no levantamos cabeza”. Conversaciones típicas, a primera vista. Ésta, de hecho, se repetía cada lunes en mi piso. Nada fuera de lo común. O sí. El que respondía era yo –león consumado-. Lo anecdótico, el otro interlocutor; el interesado, un compañero de piso aficionado al rock and roll de los 50, las Harley Dadvinson y, sobre todo, un acérrimo enemigo del fútbol. Abogaba por propinar un castigo físico a su futuro hijo si le descubría jugando con un balón, nada menos. Entonces, ¿qué le lleva a alguien así a interesarse por lo que ha hecho un equipo? Y más aún, ¿por qué le afecta negativamente la derrota de un equipo? La respuesta es clara y sencilla: porque no estamos hablando de ‘un’ equipo. Ni de fútbol siquiera. Hablábamos del Athletic. De nuestro otrora glorioso Athletic Club de Bilbao. 

Recuerdo aquellos Athletic-Barça a los que acudía cada año con mi familia. Era nuestra rutina. Esa ‘x’ marcada en rojiblanco en el calendario. La emoción iba in crescendo a medida que se acercaba el día de pisar la grada de La Catedral, de comer el bocadillo de tortilla de patata que todos llevábamos de casa, de oler el humo a puro, de gritar hasta calcinar la garganta para empujar a los leones que defendían la histórica camiseta rojiblanca. Recuerdo a Ronaldo vestido de blaugrana, a Giovanni, a Couto, a Baia… pero fue aquel golazo del capitán, Julen Guerrero, y el incansable aliento de la afición lo que terminó de marcarme. Corría el año 1996, y yo tenía tan sólo 9 añitos. Pero aquella remontada, aquel ambiente, aquel color y aroma que destilaba ese clásico estadio, marcó el principio del idilio más duradero de mi vida.

El buen bilbaíno que se precia de serlo, lleva ese sentimiento Athletic dentro. Muy arraigado. Sin embargo, puede no ser un futbolero apasionado. Es más, puede que hasta odie ver a veintidós millonarios en calzones tratando de meter una pelota entre tres postes.  Pero siempre preguntará por el Athletic. Cada domingo absorberá el ambiente que destila la calle Licenciado Poza los días de partido. Y cantará los goles de Llorente, De Marcos, y compañía de igual manera que otros no futboleros gritaron los de Guerrero y Ziganda. Y nuestros abuelos, los de Zarra, el ‘Piru’ Gainza o Pichichi.  Porque ese sentimiento único se hereda. Y ninguno, desde Getxo hasta Deusto, pasando por Gernika o Amorebieta, somos inmune.

Pero ese sentimiento centenario no se limita al territorio comprendido dentro de las fronteras de Bizkaia. Ni si quiera de las de Euskadi. Ese sentimiento endémico del bilbaíno, tan propio de su particular idiosincrasia, no conoce de distancias. Se dice que el vasco nace donde quiere, y tal cosa se podría decir del aficionado del Athletic. Una de las primeras cosas que me dijo una buena amiga granadina fue que uno de sus tíos era un acérrimo aficionado del Athletic. Y uno no puede evitar sonreír ante ciertas cosas. Un gesto de emoción y orgullo que exterioriza un sentimiento visceral; ese sentimiento que lleva a niños, jóvenes, adultos y ancianos cada domingo a San Mamés a apoyar a los nuestros. Durante hora y media no existe nada más. En euskera o en castellano. Con acento vasco, andaluz, catalán o argentino. No hay diferencias cuando todas las voces se aúnan para animar a este equipo único.

Ahora la afición ‘zurigorri’ recoge los frutos del trabajo bien hecho. Y toca paladear el momento. La Gabarra se prepara para surcar la Ría, y esas grandes noches en San Mamés son ya más que algo ocasional .Los que fuimos socios y dejamos de serlo, lo hacemos desde el exilio forzado. Pero no nos olvidamos de cuando estuvimos abajo; del sufrimiento. De aquel gol de Gabilondo que nos salvó del descenso hace no demasiado. Aquel partido decisivo ante el Rayo en el 96. Porque es en esos momentos en los que ese sentimiento se hace fuerte. Y nunca dejaron de atronar las gargantas en La Catedral. Como todo idilio amoroso, la relación entre el club y la afición fue concebida para estar ahí en los momentos de salud y enfermedad. En la riqueza y en la pobreza. Hoy toca conquistar Bucarest. Mañana, veremos. Nosotros seguiremos haciendo temblar los cimientos de San Mamés como en ningún otro estadio logran hacer. Ojalá pudiéramos decir que se trata de fútbol en caso de necesitar consuelo. Pero no, es algo distinto. No es fútbol, es el Athletic. Nuestro Athletic.



martes, 8 de mayo de 2012

LAS CHICAS DE MI BARRIO




Para equilibrar la balanza por mi post anterior ("Estás como un queso"), hago una segunda entrega dirigida esta vez, más bien al público masculino.

Muchachos, en todos los barrios hay una chica que os llamará la atención. He aquí unos ejemplos de ellas.

La chica de la biblioteca.
Todos hemos puesto los ojos en ella alguna vez. Esa muchacha culta, estudiante y trabajadora. La veréis normalmente en sus libros o con su portátil usando programas que no entendéis ni por asomo. Bajo su ropa cómoda y poco llamativa podría esconderse una figura digna de exhibir, pero ella no es de llamar la atención y eso os intriga. No os mira, sus ojos están pendientes del trabajo. Poco la impresionaréis mostrando tableta a lo Mario Casas muchachos, tenedlo claro, vuestro imponente físico estará en un segundo plano, seguramente.
En este hábitat tenéis que moveros con inteligencia, mostrarle un mínimo de brillantez si queréis que os mire con interés, así que si no podéis demostrarla al menos tendréis que simularla. Una táctica a utilizar sería la de pedirle ayuda en algo que tú ya domines o hayas preparado para la ocasión para así demostrarle tu rápido aprendizaje e inteligencia.
Cuando ella vea que eres un tipo capaz tus posibilidades aumentarán y ya te mirará a los ojos. No lo pienses más, acércate más y, si se queda embobada mirándote, intenta robarle un beso. ¡Suerte!

La chica independiente.
Esa chica que dice no depender de nada, cuando depende de todo. Puede incluso depender de ti un poco, aunque ella no lo reconocerá. Aunque tenga trabajo, depende del coche de su padre y de la comida de su madre. Depende de sus amigas y, sobre todo, de su teléfono móvil. No puede vivir sin estar conectada, necesita que sus contactos la tengan informada y no rehúye a que le digan cosas bonitas. Eso sí, es una chica algo sensible, aunque cara al público va de chica mala.
Si eres de los que lanza continuamente halagos a esta chica debes saber que de entrada no tienes nada que hacer. Te dará las gracias por ello sí, pero nada más allá. Ir de adulador no te conviene, debes dar una imagen un poco macarra en público, guardarle la distancia, no darle el aplauso fácil, mantener el misterio si se puede, para que ella esté pendiente de ti y no al revés.
Así quizá una noche puedas, al encontrarla en un garito o concierto, y tener posibilidades de algo. Que suene la música.
  
La chica del polígono.
Esa señorita con sombra de ojos azul, grandes pendientes, minifalda, botas blancas y bolso para ir al Mercadona ha llamado tu atención sin saber por qué. Su amplio escote y sus largas piernas se contonean dentro de tu cabeza a diario, no puedes evitarlo.
Sales el sábado con tus amigos y ahí está ella, en la pista de baile dándolo todo con sus amigas. Es momento de pedir una copa en la barra, echarle valor y acercarte a ella. Debes ser consciente que aquí juegas como visitante, este es su hábitat natural y debes vestir con la segunda equipación. Te atusas el flequillo, te entallas y te remangas la camisa hasta el hombro, y te desabrochas un par de botones. Que se vean tus poderosos bíceps y tu imponente tórax. Bajas a la pista seguro de ti mismo, sacando pecho, eres un gallito y vas a demostrar ser el amo del corral. Ella ya se habrá fijado en tus movimientos acercándote con ritmo, es la llamada de la selva al sonido del reguetón. Ya estás completamente al lado, ella es consciente de todo y, si no le ha echado miraditas a sus amigas en plan "este pavo que hace" es que la cosa marcha bien. Es clave separarla de su grupo de amigas invitándola a tomar una copa en la barra, si acepta tendrás ya mucho ganado. La conversación no ha de ser muy complicada, muestra interés por lo que te cuenta en todo momento, sonríe, que ella se sienta importante y sobre todo procura que se termine la consumición, cuanto más rápido mejor.
Si fuiste hombre previsor ya tendrás en tu bolsillo las llaves del Seat León amarillo tuneado de uno de tus amigos. Lo que viene ahora es quitar botones y cremalleras, es algo que ya deberías de saber, chaval.

La chica “bien”.
Esta mujer que está bien de todo. Bien de dinero, recibió una educación bien, familia de clase bien y con un físico bien, y así. Su grupo de amigas la adulan, la envidian y le tienen inquina a partes iguales.
Tú y tus amigos la ficháis rápido y su liderazgo y belleza os deja impresionados, claro. Qué guapa es, que perfecta es y que bien todo. Ella es el centro de atención, sus coleguitas le ríen las gracias aunque le dejan caer alguna miradita de inquina a sus espaldas, fruto de la envidia. Sin ninguna duda todos sois cazadores de la misma presa, y ésta por supuesto esta doctorada en quitarse a moscones de encima, todo es poco para ella. Ir directamente a por ella es sinónimo de fracaso.
La teoría de John Nash, ilustrada en la película Una mente maravillosa, puede ser de ayuda. Una breve explicación de la escena:
En el bar hay una chica muy guapa y otras amigas suyas que no destacan tanto. Un compañero de Nash sugiere que vayan todos a por la guapa y que los que no la consigan vayan a por las otras. Pero Nash va más allá y dice que si van todos a por ella, las otras chicas se enfadarán si luego les dicen algo, ya que no les gustará ser el segundo plato de nadie. Así que lo mejor sería que actuaran individualmente y como grupo y que cada chico buscara a una chica diferente desde el principio. Todos ganan. Ellos consiguen compañía y ellas agradecidas por ser ellas y no la diva el centro de atención esta vez.
Todos contentos menos la chica bien. No le cabe en la cabeza que las losers de sus amigas hayan triunfado y a ella no le hayan hecho ni caso. Se enfadará y, aunque no diga nada, en una segunda ocasión ella os verá a ti y tus amigos con otros ojos. Tendrás que ser hábil y rápido si quieres ser tú y no uno de tus amigos el que la dome esa segunda noche. Afila tus flechas, Romeo.

La señora del casco antiguo.
Esa señora madura, divorciada o viuda que necesita ocupar su tiempo en algo y se apunta, por ejemplo, a un gimnasio. Con eso mantiene su figura y con las miradas de ellos comprueba si sigue estando de buen ver.
El verla fuera de su hábitat natural, vestida de sport con mallas y top apretados ha llamado tu atención. Aquí ella está un poco perdida, tanto aparato nuevo que no sabe usar. Tú, rápida y galantemente, le ofrecerás tu ayuda técnica si quieres aumentar las posibilidades. Conforme pasan los días sus movimientos te vuelven más y más loco, y ella se da cuenta de eso. Si no te ha cortado el rollo al ver como la miras está claro, le mola que la mires y puede que algo más. Para comprobarlo nada mejor que estar lejos de esa gente que mira con malos ojos vuestra amistad. Sí, la habrá sin duda. Una visita a su casa por sorpresa en plan 'pasaba por aquí' os sacará de dudas si esa bomba sexual (seguro que lo es) fantaseaba seduciéndoos o simplemente se reía de un crío.
Una última cosa: si en su casa veis una foto de algún hijo o sobrino suyo al que conozcáis mejor no decir nada a no ser que sea absolutamente necesario. Sed discretos.

Nota final: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

lunes, 7 de mayo de 2012

AMERICAN WAY OF LIFE - La envidia o el "para ti no lo quiero"



Comentaba la última vez lo mucho malo y lo poco bueno que aportaba un sentimiento como la envidia a la sociedad y cultura españolas. Ya Unamuno y Quevedo en sus años refirieron a esta relación de términos en sus escritos, y qué decir de en la actualidad, cuando periodistas y analistas se amparan en esta “tristeza o pesar del bien ajeno” para dar cuenta de, y valga la redundancia, lo mucho malo y lo poco bueno que está suscitando la actitud de los españoles en la economía nacional. Me acusaban el mes pasado, en esa siempre ignorada pero importantísima sección de comentarios, de lo “pretencioso” de mi anterior comparativa, y a cuyos matices me remitiré a lo largo de esta colaboración lo más que pueda; no dudo de las innumerables menciones bibliográficas o históricas, sean ellas fundadas, que son necesarias a la hora de analizar la mentalidad de un país entero, sobre todo viviendo en él casi 50 millones de habitantes, pero apelaré al sentido común del lector, que es bien conocedor de su entorno y comunidad, para que valore con mayor o menor criterio de lo que hablaré en los próximos párrafos.

El excepcionalismo americano es esa teoría por la cual Estados Unidos es diferente a todos los otros países que pueblan este planeta y que distingue a los estadounidenses como los más igualitarios, liberales, individualistas y populistas del mercado global -porque qué es esto sino un gran mercado de ideas y personas-. Sujetarse a este idealismo es tan hipócrita como denominar a España un país en plena recuperación económica; pero por otro lado sí es necesario extraer parte de este credo, de este American Exceptionalism, para deducir el problema de fondo de nuestro país, aquél que irremediablemente nos aleja del progreso. El individualismo en Estados Unidos está fundado en las letras que suscriben su Constitución, en la burocracia que se mueve por sus instituciones públicas y en los barrios de casas adosadas de sus grandes ciudades; su modelo económico, social y cultural está tan alejado del nuestro que en principio es difícil hacerse a la idea de cómo un plan semejante puede adaptarse a nuestra península, pero basta con entender que la meritocracia -entendida ésta como una idea, no como forma de gobierno- ha funcionado antes; puede que EEUU no pase por sus mejores días en cuanto a movilidad social o laboral, pero cuando la crisis no arreciaba entre sus ciudadanos esos valores que comentaba lograron que sus índices de cambio entre los estratos sociales fuera altísimos y que las posibilidades de cumplir el American Dream se antojaran como factibles.

En EEUU, el individualismo se pone de relieve tanto en los microcosmos urbanos, donde las relaciones interpersonales son muy ‘especiales, como en los mismos derechos constitucionales, aquellos por los cuales se tiende a favorecer al uno en detrimento del todos, cuestión que en España es prácticamente contraria, puesto que se tiende a reconocer la estupidez del ciudadano y a elegir por él, excusándose siempre en la solidaridad social más ventajista -por algo pagamos la sanidad del que fuma o bebe más de la cuenta-. Claro que en estos términos nosotros tenemos bien arraigadas nuestras ideas y es excesivamente complejo ponerse a cuestionarlas ahora, pero para algo estamos aquí escribiendo. Pero si estos cambios todavía parecen demasiado utópicos y rebasan los límites que estamos dispuestos a aceptar, también podemos valorar algunas de las máximas que se proclaman al otro lado del charco: “Be your own best friend”, “if you don’t look for yourself, no one else will”, y un largo etcétera. La independencia familiar más temprana o el apego a la ambición y el ‘soy el mejor que los demás y voy a demostrarlo’ son algunos de los otros aspectos a pulir con mayor esmero de cara al futuro.

El problema de fondo, y cuestión de este artículo, es la envidia que tenemos con respecto a aquel que logra independizarse y salir airoso, aquel que lucha por su trabajo, se esfuerza y consigue un ascenso, aquel que funda una empresa y funciona… en España quizá no podamos llegar a hablar de una envidia candente y superficial, ni mucho menos de una envidia sana, quizá debamos hablar de una falta de respeto al que sabe manejarse en las esferas del individualismo, al que se desmarca del funcionariado clásico que almuerza durante dos largas horas, al que se compenetra con el empresario que le da trabajo, al que prepone las horas de trabajo a las airosas charlas -cigarro en mano- a la puerta de la fábrica de turno. Los coches, casas o trabajos de los demás no se miran con gestos de admiración, sino con repulsa e incluso sospecha, pues lamentablemente el éxito ‘fácil’ -enchufes, manos largas…- está muy a la orden del día. Hemos llegado a un punto en el que se prefiere lo peor para el conciudadano, hemos llegado al ‘para ti no lo quiero’. ¿De verdad no queremos lo mejor para nuestro vecino? ¿No es mejor mirarse en ellos y aprender?

Queda por ver cuánto estamos dispuestos a sacrificar por avanzar hacia adelante -porque ahora mismo avanzamos hacia el lado contrario-, pero hay que entender que el copia y pega, el entender a sociedades mucho más prósperas a la nuestra y calcar sus métodos, no debe rechazarse, no deben darse pasos en falso hacia la consecución de esas tentativas, debemos admitir los errores y acarrear con las consecuencias de lo que significa cambiar a mejor. La sociedad americana es una de tantas, pero a mí es la que más me gusta, ¿cómo lo veis vosotros?


domingo, 6 de mayo de 2012

MATER SEMPER CERTA EST



Primer domingo de mayo. El Sol quiere levantarse hacia el verano pero el frío invierno todavía lanza sus últimos coletazos. Ya se sabe lo que se dice sobre el 40 de mayo y el sayo. En casa espera la persona más importante en la vida de toda persona. Como cada año el homenaje no es ineludible. Es obligado.

Ante tan pronunciada fecha, una bandada de buitres surge de sus nidos en forma de mercaderes. Pretenden vender hasta el alma con tal de desprender a los cuervos de ese sentimiento culpable que les corroe por olvidarse en repetidas ocasiones de la madre que les parió. Unas flores, una tarta, unas joyas u otros presentes esperan ser desenvueltos del paquete. Ella agradecerá el gesto. Un beso o un abrazo le bastan. Sangre de mi sangre, dice. Tú surgiste de mis entrañas, le recuerda. Y le duele rememorarlo. Y sonríe.

Así son las madres. En la vida real y en el Cine. Porque no he venido aquí a hablar de las miserias propias o ajenas del mundo en el que vivimos, que también tendrá un artículo, al tiempo, sino a hacer una sentida loa a nuestras progenitoras a través del Séptimo Arte. Hay un principio fundamental en Hollywood que establece que a toda mujer cumplidos los 40 no le van a ofrecer otros papeles que no sean los de madre de los protagonistas. Seguramente sea cierto pero grandes han sido las mujeres, incluso algún hombre, que han dignificado ese papel, del mismo modo que se hace en la vida real.

Así, el Cine ha descrito madres de todo tipo, de todas las épocas y condiciones. Madres solteras, casadas, viudas, iluminadas, separadas. Desde la madre de todas las madres, vírgenes como Dorothy Macguire en La Historia más grande jamás contada  hasta la Madre Naturaleza, siempre presente en las películas de Terrence Malik, y todavía más en su Árbol de la Vida donde aparece uno de los últimos ejemplos cinematográficos de amante madre, la sensible, protectora y afligida Jessica Chastain.

Y en medio de estos dos vértices nos encontramos madres posesivas, abnegadas, sufridas, protectoras o incluso rechazadas por sus retoños como Lana Turner o Juanita Moore en la plañidera Imitación a la vida. Aunque siempre redimidas. Madres que huyen de la madre de todas batallas buscando refugio y acaban siendo violadas como la Sofia Loren de Dos Mujeres.

Sufridoras mujeres que nunca abandonaron a sus vástagos a su suerte como Sally Field huyendo hacia la libertad en No, sin mi hija o con sus sabios consejos y su famosa caja de bombones en Forrest Gump, madres que buscan milagros para sus enfermos hijos como la Susan Sarandon del Aceite de la vida. Madres que anhelan la libertad y la protección de sus hijos, que harán todo cuánto esté en sus manos por conseguirlo.

Madres que reciben al mismísimo diablo en su casa como Lee Remick en La profecía, Mia Farrow en la Semilla del diablo o Ellen Burstyn en el Exorcista, o que engendran a criaturas abominables de otros mundos como la teniente Ripley y su Alien. Madres todas ellas que aman y temen a su extraño pasajero.

Madres que son mujeres. Mujeres como Anne Bancroft que siguen poseyendo un apetito voraz y apetecen a hombres como Dustin Hoffman en su Graduado. Otras que se convierten en la pesadilla de sus descendientes por culpa de su sobreprotección y oscurantismo como la Piper Laurie de Carrie o la Irene Gutiérrez Caba de la Casa de Bernarda Alba. Madres que destruyen hogares en su afán por conservarlos.

Mamás que cumplen 100 años rodeada de surrealistas lobos. Lobos con piel de cordero que encarnan el mal y de paso también a su madre como Norman Bates en Psicosis. Mujeres que persiguen venganzas y descubren su maternidad en su viaje hacia la muerte como la Novia Uma Thurman de Tarantino. Madres que matan y asesinan por lo que creen justo.

Otras reciben la noticia de la concepción como una carga que durante el camino se torna en ilusión, como Geena Davis en Angie o Ellen Page en Juno. Mujeres que deciden libremente su destino.

Mi homenaje a todas ellas, mujeres valientes que en el cruce de caminos miran de frente hacia uno u otro futuro porque ser madre ha de ser una elección, no un deber impuesto por un Ser Superior.

Amén.